Priscilla Vargas apuntó a un factor inesperado tras la pelea de Campillai y Flores. ¿Quién habría alimentado el escándalo?
Priscilla Vargas lanzó una particular teoría para explicar por qué el enfrentamiento entre las senadoras Fabiola Campillai y Camila Flores terminó convertido en un espectáculo viral. Para la conductora de Tu Día, el problema no se limitaría al actuar de las parlamentarias: sus asesores y la dinámica de las redes sociales también habrían contribuido a amplificar el escándalo.
Priscilla Vargas apuntó al entorno de las senadoras
El tenso episodio fue analizado durante la emisión de Tu Día, matinal de Canal 13, donde los panelistas cuestionaron la conducta de ambas legisladoras y la falta de intervención de las personas que las acompañaban.
El cruce ocurrió en dependencias del Senado, luego de una actividad vinculada a la solicitud de indultos para uniformados condenados por hechos ocurridos durante el estallido social. La discusión escaló frente a periodistas y asesores, con acusaciones personales y expresiones como “cuma” y “señora de la feria”.
Claudio Valdivia, abogado y panelista habitual del programa, sostuvo que un asesor debió intervenir inmediatamente para frenar el enfrentamiento.
“Yo como asesor de cualquiera de ellas, cualquiera de ellas, yo le digo ‘déntrese, en serio, déntrese, por favor’”, expresó durante la conversación televisiva.
“Hoy los asesores graban estos momentos”
Fue entonces cuando Priscilla Vargas planteó que este tipo de situaciones probablemente se manejaba de manera distinta hace algunos años.
A juicio de la periodista, los asesores antes habrían intentado contener a las autoridades y evitar que el conflicto quedara registrado. Actualmente, en cambio, existiría una tendencia a grabar y difundir los enfrentamientos para obtener repercusión digital.
“Es que, ¿sabe qué? Eso hubiese pasado a lo mejor hace diez años, cuando los asesores hubiesen visto esta discusión y hubiesen primero evitado que el resto grabara, habrían llamado a la calma, pero ¿qué hacen los asesores hoy día? Graban estos momentos”, replicó.
La conductora deslizó así que parte del escándalo pudo evitarse si los equipos de ambas senadoras hubieran intentado separarlas, en lugar de permitir que la discusión continuara ante cámaras y teléfonos celulares.
La crítica de Priscilla Vargas a las redes sociales
La comunicadora también apuntó contra la lógica que se instala en las plataformas digitales cada vez que dos figuras públicas protagonizan una discusión.
Según explicó, el debate rápidamente deja de concentrarse en la gravedad de los insultos y se transforma en una competencia para determinar quién se impuso en el intercambio.
“¿Y qué pasa? En la tribuna de redes sociales, es quién ganó, quién perdió. ‘Bien tú, bien acá’. Entonces se transforma en una barra brava, que es lo más ordinario que hay”, complementó Priscilla Vargas.
La periodista cuestionó que los usuarios celebren las descalificaciones según su cercanía política con alguna de las protagonistas, convirtiendo un episodio ocurrido en el Congreso en contenido para generar reacciones, comentarios y enfrentamientos.
Repenning propuso sacar las cámaras del Congreso
José Luis Repenning coincidió con el diagnóstico y aseguró que la exposición audiovisual habría transformado parte de la actividad parlamentaria en un espectáculo.
El conductor fue todavía más lejos y propuso retirar las cámaras de algunas instancias legislativas para evitar que las intervenciones se realicen pensando únicamente en su posterior difusión.
“si yo tuviera el poder de hacer algo, yo sacaría todas las cámaras del Congreso. Sacaría las cámaras de las comisiones, porque también se ha transformado en un show”, manifestó.
Su reflexión apuntó a que la presencia permanente de registros puede incentivar discursos o enfrentamientos diseñados para circular posteriormente en redes sociales.
El duro cuestionamiento de Priscilla Vargas
Durante el análisis, la animadora también se preguntó cómo reaccionarían Campillai y Flores al revisar las imágenes de su propio enfrentamiento.
Con visible molestia, cuestionó si las parlamentarias sentían satisfacción por la viralización del episodio y consultó si podían enfrentar algún tipo de consecuencia disciplinaria.
“¿Les dará vergüenza? ¿Les hará felices ver este video? ¿Qué puede pasar con ellas? ¿Se puede sancionar?“, preguntó.
La interrogante no quedó únicamente en el plano televisivo. La Mesa del Senado resolvió remitir los antecedentes del enfrentamiento a la Comisión de Ética, instancia que deberá analizar la conducta de ambas legisladoras y determinar si corresponde adoptar alguna medida.
José María del Pino reparó en el lugar elegido
José María del Pino sumó otro elemento al debate. El periodista sostuvo que el punto donde se produjo el enfrentamiento no habría sido casual, debido a que correspondía precisamente al sector utilizado para realizar declaraciones ante los medios.
“Ellas fueron a pelear delante de la prensa, al lugar donde se hace el punto de prensa”, aseguró.
Su comentario reforzó la teoría de que las protagonistas sabían que la discusión estaba siendo observada y grabada, aunque esta interpretación corresponde al análisis realizado por el panel y no a un hecho acreditado.
Un conflicto que terminó convertido en contenido viral
El enfrentamiento entre Campillai y Flores comenzó con reproches políticos, pero rápidamente derivó en acusaciones relacionadas con investigaciones judiciales y situaciones familiares.
Los registros se difundieron masivamente durante las horas siguientes y originaron críticas transversales por el lenguaje empleado por ambas senadoras. La Mesa del Senado también llamó a los integrantes de la corporación a privilegiar el diálogo y mantener una conducta acorde con su investidura.
Para Priscilla Vargas, el episodio evidenció un cambio más profundo en la manera en que se gestionan los conflictos políticos. En su análisis, los asesores dejaron de cumplir un papel destinado exclusivamente a contener las crisis y las redes sociales convirtieron los enfrentamientos en una disputa de barras rivales.
De esta forma, la periodista no exculpó a las parlamentarias, pero amplió las responsabilidades hacia quienes permitieron que el conflicto escalara y hacia una audiencia digital que terminó premiando la confrontación.

