Pilar Cox relata un episodio con Julio Iglesias que mantuvo en silencio por décadas y explica por qué decidió contarlo ahora.
Pilar Cox fue durante los años 80 y comienzos de los 90 una de las mujeres más visibles de la TV chilena.
Animadora, actriz y rostro emblemático, pasó por programas como Martes 13, realizó entrevistas inolvidables y compartió pantalla con grandes estrellas, entre ellas Julio Iglesias.
Sin embargo, hoy su relato sobre un encuentro con el cantante tomó un giro inesperado al revelar que ese momento profesional terminó transformándose en uno de los recuerdos más dolorosos de su carrera.
El primer acercamiento: trabajo sin sobresaltos
En conversación con El Mundo, Cox contó que su primer contacto con Iglesias se dio en Brasil.
Según rememoró, fue una entrevista amable, donde el artista se mostró accesible, coqueteo incluido, pero —como dice ella— sin cruzar líneas ni provocar incomodidad.
Ese recuerdo amable quedó atrás con la siguiente ocasión en que se volvieron a ver.
El momento en Chile que cambió todo
Durante una grabación en Chile, la situación tomó un giro inesperado.
Cox relata que Iglesias se levantó del asiento, caminó hacia ella y le dio un beso en los labios frente a las cámaras. Ella trató de esquivar el gesto ofreciendo la mejilla, pero asegura que él insistió y además la abrazó mientras intentaba evitarlo.
Desbordada y en shock, abandonó el set entre lágrimas.
La escena quedó registrada en video, pero nunca llegó a convertirse en denuncia formal.
Tres décadas de silencio
Aunque la secuencia quedó grabada, Cox confiesa que durante más de 30 años no pudo contar públicamente lo que sintió.
Recién en agosto pasado puso palabras a ese malestar al decir que se sintió “agredida”.
Ahora se siente preparada para explicar por qué guardó silencio tanto tiempo.
En distintas entrevistas, ha reconocido que en aquella época era madre, esposa y una figura muy expuesta, lo que la llevó a temer repercusiones:
-
“Vergüenza”
-
“Miedo a ser juzgada”
-
Temor a que afectara a su familia
-
Falta de apoyo en un ambiente dominado por hombres
Cox describe la TV de esos años como un entorno donde no existían herramientas para nombrar ni enfrentar un acto que se salía de los márgenes del respeto profesional.
Un episodio que dejó huella emocional
La exanimadora recuerda haber permanecido cerca de media hora escondida tras cámaras, negándose a terminar el programa. Finalmente —dice— fue presionada para volver al estudio.
Como si fuera poco, comentó que el cantante le envió flores después del episodio, gesto que en vez de consolarla, solo aumentó su angustia.
Con el tiempo, el incidente se convirtió en una carga emocional que arrastró durante décadas:
-
Impactó en su autoconfianza
-
La acompañó como una sombra
-
La dejó con la sensación de estar sola frente a un ícono intocable
“Nadie me defendió. Él era Julio Iglesias y yo no”, ha resumido con crudeza al describir cómo se sintió frente a la desproporción de poder.
Dispuesta a hablar… y a llegar hasta donde toque
Hoy, con una mirada distinta y en un país que conversa de manera más abierta sobre consentimiento y límites, Cox dice que no volverá a callar.
Incluso asegura que estaría disponible para participar en una instancia judicial si se llegara a abrir una causa.
Su motivación es clara:
“Quiero que sepa cómo
Pilar Cox fue durante los años 80 y comienzos de los 90 una de las mujeres más visibles de la TV chilena.
Animadora, actriz y rostro emblemático, pasó por programas como Martes 13, realizó entrevistas inolvidables y compartió pantalla con grandes estrellas, entre ellas Julio Iglesias.
Sin embargo, hoy su relato sobre un encuentro con el cantante tomó un giro inesperado al revelar que ese momento profesional terminó transformándose en uno de los recuerdos más dolorosos de su carrera.
El primer acercamiento: trabajo sin sobresaltos
En conversación con El Mundo, Cox contó que su primer contacto con Iglesias se dio en Brasil.
Según rememoró, fue una entrevista amable, donde el artista se mostró accesible, coqueteo incluido, pero —como dice ella— sin cruzar líneas ni provocar incomodidad.
Ese recuerdo amable quedó atrás con la siguiente ocasión en que se volvieron a ver.
El momento en Chile que cambió todo
Durante una grabación en Chile, la situación tomó un giro inesperado.
Cox relata que Iglesias se levantó del asiento, caminó hacia ella y le dio un beso en los labios frente a las cámaras. Ella trató de esquivar el gesto ofreciendo la mejilla, pero asegura que él insistió y además la abrazó mientras intentaba evitarlo.
Desbordada y en shock, abandonó el set entre lágrimas.
La escena quedó registrada en video, pero nunca llegó a convertirse en denuncia formal.
Tres décadas de silencio
Aunque la secuencia quedó grabada, Cox confiesa que durante más de 30 años no pudo contar públicamente lo que sintió.
Recién en agosto pasado puso palabras a ese malestar al decir que se sintió “agredida”.
Ahora se siente preparada para explicar por qué guardó silencio tanto tiempo.
En distintas entrevistas, ha reconocido que en aquella época era madre, esposa y una figura muy expuesta, lo que la llevó a temer repercusiones:
-
“Vergüenza”
-
“Miedo a ser juzgada”
-
Temor a que afectara a su familia
-
Falta de apoyo en un ambiente dominado por hombres
Cox describe la TV de esos años como un entorno donde no existían herramientas para nombrar ni enfrentar un acto que se salía de los márgenes del respeto profesional.
Un episodio que dejó huella emocional
La exanimadora recuerda haber permanecido cerca de media hora escondida tras cámaras, negándose a terminar el programa. Finalmente —dice— fue presionada para volver al estudio.
Como si fuera poco, comentó que el cantante le envió flores después del episodio, gesto que en vez de consolarla, solo aumentó su angustia.
Con el tiempo, el incidente se convirtió en una carga emocional que arrastró durante décadas:
-
Impactó en su autoconfianza
-
La acompañó como una sombra
-
La dejó con la sensación de estar sola frente a un ícono intocable
“Nadie me defendió. Él era Julio Iglesias y yo no”, ha resumido con crudeza al describir cómo se sintió frente a la desproporción de poder.
Dispuesta a hablar… y a llegar hasta donde toque
Hoy, con una mirada distinta y en un país que conversa de manera más abierta sobre consentimiento y límites, Cox dice que no volverá a callar.
Incluso asegura que estaría disponible para participar en una instancia judicial si se llegara a abrir una causa.
Su motivación es clara:
“Quiero que sepa cómo me sentí”, expresó, convencida de que su testimonio —aunque tardío— merece ser escuchado.

