El beso de Karen Doggenweiler y Rafael Araneda en Viña reabrió el debate; Marianne Schmidt expuso su mirada sin entusiasmo.
El tradicional beso de apertura del Festival de Viña del Mar volvió a instalar el debate. Esta vez, el gesto protagonizado por Karen Doggenweiler y Rafael Araneda fue analizado en Meganoticias de la tarde, donde surgieron miradas distintas sobre una costumbre que divide opiniones.
Desde el estudio en Santiago, Rodrigo Sepúlveda lideró la conversación, mientras que en Viña del Mar participaron Darynka Marcic y Marianne Schmidt, quienes comentaron el momento vivido en la Quinta Vergara.
El beso que volvió a encender la conversación
Durante el espacio, Sepúlveda reaccionó con sorpresa al gesto que selló la primera noche del certamen. “¡El tremendo beso que se dieron!”, exclamó, destacando que el intercambio se extendió por varios segundos.
Marcic, por su parte, calificó el momento como un “clásico” del Festival, aunque reconoció que no fue precisamente una exigencia ensordecedora del público. En esa misma línea, Schmidt observó con distancia: “El beso fue larguito”, dijo, dejando ver su incomodidad con la tradición.
La trastienda tras la pausa comercial
Schmidt aportó un detalle ocurrido fuera de pantalla, justo cuando el programa se fue a comerciales. Según relató, Araneda se dirigió de inmediato a su esposa, Marcela Vacarezza.
“Resulta que inmediatamente se van a comerciales y el Rafa mira a la Marcela, que estaba al lado mío, y le dice ‘perdón, perdón, perdón’”, contó.
Para la periodista, el gesto estaba completamente consensuado. “Tiene todo el permiso para hacerlo, es un juego”, afirmó, restándole dramatismo.
Amistad, show y permisos
Marcic reforzó esa idea al recordar la cercanía entre los protagonistas. “La Marcela conoce a la Karen de años, de años de años”, señaló, subrayando que existe confianza entre todos.
“Son amigos todos y entienden que es parte del show televisivo”, agregó, antes de lanzar una pregunta directa a Schmidt: “La gente siempre te va a pedir el beso, ‘Gringa’, ¿a ti te costaría eso?”.
“Soy pudorosa”: la postura de Marianne Schmidt
Schmidt respondió con honestidad. “Oye, me costaría”, admitió. Luego profundizó en su reflexión personal: “En un minuto, cuando vi a la Karen y todo, pensé: ‘si me tocara estar ahí, ¿lo haría o no lo haría?’”.
Tras una breve pausa, cerró con una definición clara sobre sí misma: “soy pudorosa”.
Eso sí, ante la posibilidad de animar el Festival en el futuro, fue categórica: “no me pongo jamás en ese plano”.
Un gesto que sigue dividiendo
Así, el beso de Karen y Rafa volvió a cumplir su rol histórico: generar conversación, dividir posturas y recordarle al público que, en Viña, incluso los gestos más tradicionales siguen dando que hablar.

