“El plan no era enterrarlo”: la macabra y escalofriante revelación sobre lo que Nicolás Zepeda habría hecho con el cuerpo de Narumi Kurosaki

Juicio contra Nicolás Zepeda entra en fase clave con impactantes hipótesis sobre la desaparición de Narumi Kurosaki.

Nicolás Zepeda

El proceso judicial en Francia contra el chileno Nicolás Zepeda vive momentos cruciales. En su séptima jornada de apelación, el foco estuvo puesto en la reconstrucción de los hechos ocurridos en la habitación 106 de la residencia universitaria de Besanzón, lugar considerado clave en la desaparición de Narumi Kurosaki.

Sin la presencia de un cuerpo que permita pericias forenses, tanto la fiscalía como la parte querellante centraron sus intervenciones en reconstruir lo ocurrido aquella noche a partir de pruebas, testimonios y antecedentes recopilados durante la investigación.

Fiscalía expone teoría sobre el destino del cuerpo

Durante su alegato, el fiscal Vincent Auger planteó una serie de hipótesis respecto a lo que habría sucedido tras la desaparición de la joven japonesa.

Una acusación marcada por la ausencia de restos

El persecutor inició su intervención con una afirmación que marcó el tono de la audiencia: “Si hay un experto en crímenes sin cuerpo en esta sala, es Nicolás Zepeda”, consignó el medio L’Est Républicain.

En esa línea, recalcó que la inexistencia de restos no impide una condena, recordando que la jurisprudencia francesa contempla múltiples casos similares.

Asimismo, descartó que la falta del cadáver sea un elemento atípico en este tipo de procesos, señalando que se trata de una situación que, además, profundiza el sufrimiento de la familia de la víctima.

Posibles escenarios planteados por la fiscalía

El fiscal sostuvo que el plan del acusado habría buscado eliminar toda evidencia material: “El plan de Nicolás Zepeda no era enterrar el cuerpo, sino quemarlo”.

Esta teoría se sustenta en antecedentes de la investigación que acreditan la compra de fósforos y combustible días antes de la desaparición.

No obstante, también se planteó otra hipótesis: “La hipótesis más probable es que arrojara el cuerpo al río, dentro de su maleta”, indicó Auger, abriendo la posibilidad de que los restos hayan sido lanzados a un curso de agua cercano.

La habitación 106: clave en la reconstrucción

Uno de los puntos centrales de la audiencia fue la revisión de testimonios que sitúan los hechos en la habitación de la víctima.

Relatos de testigos y reconstrucción de la escena

Según la fiscalía, once estudiantes declararon haber escuchado gritos provenientes del lugar, describiéndolos como expresiones de “miedo, dolor y sufrimiento”.

En base a estos antecedentes, el persecutor reconstruyó el momento del crimen, señalando que mientras cercanos de la víctima se encontraban fuera del dormitorio, el hecho ya se habría consumado.

“¡Hay que visualizar esta escena! El acusado enviando correos falsos desde el teléfono de Narumi, en presencia del cadáver, ¡a solo unos metros de distancia!”, afirmó ante el tribunal.

De acuerdo con la acusación, esta acción habría sido parte de una estrategia para ganar tiempo y facilitar la posterior eliminación de los restos.

Narumi Kurosaki

La querella apunta al control total del acusado

Por su parte, la abogada de la familia, Sylvie Galley, centró su intervención en el dominio que, a su juicio, ejerció el imputado sobre la situación.

Una desaparición sin cierre para la familia

La jurista sostuvo que la falta de un cuerpo impide a los cercanos de la víctima cerrar el duelo, profundizando el daño emocional.

“Controlar la muerte es saber que nadie más lo sabe. Narumi ya no existe en la tierra, ni siquiera como cadáver”, afirmó.

En un momento particularmente emotivo, la abogada se dirigió en japonés a la madre y hermanas de la joven, entregando un mensaje de despedida: “Quienes se han ido siguen viviendo en el corazón de quienes quedan… Descansa en paz, Narumi”.

Etapa final del juicio

Con la solicitud de una pena de 30 años de cárcel, el juicio se encamina hacia su desenlace. La fiscalía sostiene que los antecedentes —incluyendo la compra de materiales inflamables y el seguimiento previo en el campus— apuntan a una acción planificada.

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De esta forma, el Ministerio Público busca demostrar que el viaje del acusado no tenía como fin retomar la relación, sino ejecutar un plan que permitiera hacer desaparecer todo rastro de la víctima.