Histórico acercamiento militar con Japón: los tres potentes barcos de guerra que podrían sumarse a la Armada de Chile
Japón evalúa transferir destructores a la Armada de Chile para reforzar la Escuadra, en medio de un histórico acercamiento en defensa entre ambos países.
La Armada de Chile podría recibir destructores de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón, en lo que sería una histórica transferencia naval entre ambos países. Las unidades que se mencionan con mayor insistencia en las tratativas son las clases Murasame, Takanami y Akizuki, según reveló el medio especializado Defensa.com.
Se trata de destructores de propósito general de segunda mano, pero en buen estado operativo, que servirían como “puente” mientras la Escuadra Nacional espera la construcción de sus nuevas unidades a partir de 2030.
Qué son los destructores Murasame, Takanami y Akizuki
Las tres clases conforman la espina dorsal de la flota de escolta japonesa de las últimas tres décadas:
- Murasame: botados entre 1996 y 2002, desplazan cerca de 4.500 toneladas y cuentan con armamento antiaéreo, antisubmarino y misiles antibuque. Son las unidades más antiguas del lote.

- Takanami: evolución de los anteriores, construidos entre 2003 y 2006, con mejoras en sistemas de combate.

- Akizuki: los más modernos (2012-2014), con radar de tecnología avanzada derivada del sistema Aegis y foco en defensa aérea de área.

La eventual cesión no busca reemplazar toda la flota chilena, sino mantener el piso mínimo de ocho unidades de combate que la institución considera necesario para cubrir la Zona Económica Exclusiva y la presencia en el Pacífico.
El hueco que taparían: las fragatas que se van antes de 2030
El problema de fondo es el calendario. Parte de las ocho fragatas actuales —en especial las de origen neerlandés de la clase Karel Doorman y la Tipo 22, con más de 30 años de servicio— podrían salir de circulación antes de que estén listos los nuevos buques que Chile contempla construir en los astilleros de Asmar a partir de 2030, cuyas primeras entregas recién se proyectan para 2032-2033.
Las tres fragatas Tipo 23, las más modernas de la Escuadra, se mantendrían como núcleo, mientras los destructores japoneses cubrirían el vacío operativo del tramo final de la década, evitando además una nueva compra al extranjero antes de la producción local.
Por qué Japón abre esta puerta justo ahora
La oferta se inscribe en un giro histórico de la política japonesa: en abril de 2026, Tokio flexibilizó sus normas de exportación de material militar, habilitando transferencias de equipo usado a países socios en materia de seguridad, algo impensable bajo las restrictivas reglas que rigieron al país desde la posguerra.
El acercamiento con Chile tiene hitos concretos y recientes:
- Agosto de 2025: la entonces ministra de Defensa, Adriana Delpiano, firmó un memorándum de cooperación e intercambio tecnológico con el viceministro parlamentario de Defensa de Japón, Kobayashi Kazuhiro.
- Enero de 2026: Chile abrió su Agregaduría de Defensa en Tokio, a cargo del capitán de navío Cristóbal Rodríguez.
- 30 de agosto de 2026: el canciller Francisco Pérez Mackenna se reunió en la capital japonesa con su par Toshimitsu Motegi, encuentro en el que la cooperación bilateral ocupó un lugar central, según consta en la agenda del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón.
Tratativas bajo estricta reserva: “Perfectamente posible”
Por ahora, ni Japón ni Chile han hablado de cifras, plazos ni condiciones, y las conversaciones se mantienen en estricta reserva. La operación tampoco está confirmada formalmente: se trata de un escenario en evaluación.
Sobre su factibilidad, Richard J. Kouyoumdjian, vicepresidente ejecutivo de AthenaLab, fue claro: “Puede ser perfectamente posible. Desconozco si hay negociaciones en este minuto, pero Chile históricamente ha tenido una fantástica relación con la Armada de Japón, es algo que viene de hace por lo menos 130 años”.
Ese vínculo centenario —forjado desde fines del siglo XIX, cuando la flota chilena incorporó tecnología y doctrina navales del Pacífico— sumado a la nueva flexibilidad exportadora de Tokio, dibuja una ventana que la Armada de Chile difícilmente puede desaprovechar frente al riesgo de quedar bajo sus ocho unidades operativas.