Madre de joven implicado en ataque escolar rompe el silencio y revela antecedentes clave previos al hecho.
A semanas del violento episodio registrado en un establecimiento educacional de Calama —que terminó con una inspectora fallecida y dejó a otras cuatro personas lesionadas—, la madre del estudiante involucrado decidió exponer públicamente su versión.
En conversación con CHV Noticias, la mujer abordó distintos aspectos previos al ataque, poniendo énfasis en el estado emocional y los tratamientos médicos que recibía su hijo.
Señales previas y preocupación familiar
De acuerdo con su relato, existían antecedentes que daban cuenta de un cuadro complejo en la salud mental del joven. En esa línea, aseguró: “Nosotros hacíamos todo para motivarlo, yo veía que estaba muy deprimido. Como papás pensábamos que estábamos haciendo lo correcto llevándolo a sus terapias”.
Asimismo, recordó que la mañana del 27 de marzo hubo comportamientos que le parecieron inusuales. “Me causó extrañeza que él se levantó, no hubo que despertarlo como siempre, era una batalla para que él fuera. A veces no quería pelear y lo dejaba que se quedara”, señaló.
Detalles de la última mañana antes del ataque
La mujer también reconstruyó los momentos previos a que su hijo saliera de la casa ese día. “Esa mañana se levantó antes. Cuando voy a despertarlo, él ya se estaba bañando y le di sus pastillas que le tocaba todas las mañanas. Le hacía mostrar la lengua para que se las tomara. Le pasé una leche en caja, pero me dijo que le daban ganas de vomitar y se fue”, relató.
Conductas que generaban alerta en el entorno
En su testimonio, la madre describió rasgos de la personalidad del joven que, con el tiempo, comenzaron a preocuparle. “Él siempre fue coleccionista de legos, de autos. Un día me manifiesta que había comprado un palo, como una luma, para que me defendiera de los portonazos. Él veía muchas noticias, como que el mundo estaba muy malo, que nos podían atacar. Siempre andaba con mucho temor”, explicó.
Cuestionamientos al acceso a salud mental
Finalmente, la mujer apuntó a dificultades en el sistema de salud para continuar con la atención psiquiátrica de su hijo tras alcanzar la mayoría de edad. “No nos derivó a ningún psiquiatra. Acá en Calama cuesta conseguir, prácticamente casi no hay. Logré conseguir uno en Antofagasta, la hora era el 30 de marzo y no alcanzamos a llegar”, concluyó, evidenciando posibles falencias en la red de atención.

