Argentina remece el tablero militar de Sudamérica: submarinos y fragatas ponen en alerta a Chile
El gobierno de Javier Milei busca autorización para créditos por US$3.500 millones para submarinos y fragatas, en un contexto de modernización militar regional.
El gobierno de Javier Milei incorporó al proyecto de Presupuesto 2027 una autorización para buscar créditos por hasta US$3.500 millones destinados a tres submarinos convencionales y dos fragatas multimisión. La iniciativa volvió a poner bajo la lupa el proceso de modernización militar en Sudamérica, en un momento en que varios países de la región están renovando equipos y capacidades.
Según el texto publicado, el plan contempla US$2.300 millones para los submarinos y otros US$1.200 millones para las fragatas. Las unidades aún no están compradas y, como ocurre con adquisiciones de este tipo, el proceso puede extenderse por años.
Qué busca Argentina con esta autorización
La discusión no pasa solo por el monto. También por el efecto estratégico que tendría sumar nuevas unidades navales a una fuerza que, en los últimos años, perdió capacidades y ahora intenta recuperarlas. En paralelo, Argentina ya avanzó con la compra de 24 cazas F-16 a Dinamarca, una decisión que apunta a recomponer parte de su poder de combate.
El proyecto argentino se suma a otras modernizaciones militares que están en curso en Sudamérica. Esa tendencia quedó reflejada en los datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que reportó un aumento del 31% en las importaciones de grandes sistemas de armas hacia Sudamérica al comparar los períodos 2016-2020 y 2021-2025.
El mapa regional también se está moviendo
Brasil sigue siendo el actor con el programa más ambicioso de la región. Su Armada avanza en fragatas clase Tamandaré y en cuatro submarinos convencionales clase Riachuelo, además de su proyecto de submarino de propulsión nuclear Álvaro Alberto. Si llega a concretarlo, se convertiría en el primer país sudamericano con esa capacidad.
Chile, por su parte, mantiene cuatro submarinos en servicio: los Scorpène O’Higgins y Carrera, más los Type 209 Thomson y Simpson. Estos últimos ya superan las cuatro décadas de servicio, por lo que su reemplazo o renovación será una decisión inevitable en los próximos años. En el aire, la FACh opera sus F-16 y proyecta el reemplazo de los F-5 entre 2030 y 2035.
En ese contexto, el debate sobre el rearme regional no se limita a un país. La modernización de flotas aéreas, navales y submarinas está empujando una revisión del equilibrio militar sudamericano, aunque eso no significa automáticamente que exista una carrera armamentística formal.
Disuasión, equilibrio y dilema de seguridad
La lógica detrás de muchas de estas compras se explica con la disuasión: tener capacidades militares no implica necesariamente usarlas, sino mostrar que su eventual empleo tendría un costo alto para un adversario. En el caso de los submarinos, su valor estratégico radica justamente en que pueden operar ocultos y obligar a desplegar recursos para detectarlos.
La propia Armada chilena describe públicamente a su Fuerza de Submarinos como una herramienta destinada a disuadir amenazas contra los intereses marítimos y la integridad territorial del país. Ese enfoque ayuda a entender por qué los cambios en una flota suelen ser observados con atención por los vecinos.
El problema aparece cuando una medida defensiva en un país es leída como un cambio en el equilibrio por otro. Ese fenómeno, conocido como dilema de seguridad, puede empujar a nuevas adquisiciones aunque ninguno de los Estados esté preparando una agresión.
El factor político y el extremo sur
El escenario también adquiere relevancia para Chile por la proyección estratégica en el extremo sur. Las compras argentinas aparecen en un momento de tensiones diplomáticas recientes entre Santiago y Buenos Aires, mientras Argentina mantiene su reclamación sobre las islas Malvinas y su interés en el Atlántico Sur y la Antártica.
No existen antecedentes públicos que permitan afirmar que los submarinos y fragatas proyectados estén dirigidos contra Chile. Sin embargo, la planificación de defensa en ambos países ocurre sobre un espacio compartido por rutas marítimas, zonas económicas exclusivas y posiciones estratégicas que abarcan el Atlántico Sur, el Pacífico, el Estrecho de Magallanes, Cabo de Hornos y la proyección antártica.
Por ahora, los tres submarinos argentinos siguen en etapa de proyecto. Antes de llegar al agua, deberán conseguir financiamiento, atravesar negociaciones y completar un proceso que puede tardar varios años. Aun así, el anuncio ya tuvo un efecto inmediato: volvió a instalar el debate sobre el equilibrio militar en Sudamérica.
Qué mira Chile de este escenario
Para Chile, la discusión se cruza con dos procesos simultáneos: la renovación de capacidades propias y la evolución del vecindario estratégico. Eso obliga a observar no solo cuánto se compra, sino también qué tipo de capacidades se están priorizando y en qué plazos podrían estar operativas.
En términos regionales, el dato clave es que no todos los países están haciendo lo mismo por la misma razón. Algunos recuperan capacidades perdidas, otros reemplazan material envejecido y otros desarrollan programas de largo plazo. Esa combinación está reordenando el tablero militar sudamericano sin que exista, por ahora, una prueba de una carrera armamentística abierta.
El fondo del asunto es otro: cómo se equilibran la disuasión, la modernización y la estabilidad regional en un momento en que varios países están moviendo sus piezas al mismo tiempo.