“Tres meses arrastrando las patas”: El feroz descargo de Nicolás Larraín contra el Gobierno saliente que sacudió en plena radio
Nicolás Larraín cuestionó el largo período de espera antes del cambio de mando y apuntó al origen histórico de la tradición.
La elección presidencial de diciembre marcó un nuevo giro político en Chile, pero el calendario institucional volvió a instalar un debate que se repite cada cuatro años: la extensa espera antes de que el Presidente electo asuma oficialmente el poder.
Tres meses de transición tras la victoria electoral
El pasado 14 de diciembre, José Antonio Kast fue elegido como nuevo Presidente de la República, tras imponerse con holgura a Jeannette Jara.
Al día siguiente, el lunes 15, el líder del Partido Republicano comenzó junto a su equipo más cercano el trabajo de transición desde la llamada “La Moneda chica”, con el foco puesto en delinear las primeras decisiones de su administración y avanzar en la conformación del gabinete, cuyo anuncio se espera para enero.
Sin embargo, el calendario establece que Kast recién asumirá el mando en marzo, lo que implica una espera de cerca de tres meses entre la elección y el cambio de gobierno.
Una tradición que se arrastra desde 1989
Este plazo no es casual. La duración de la transición presidencial fue fijada en 1989, a solicitud de Augusto Pinochet, y se ha mantenido intacta desde el retorno a la democracia.
Desde entonces, todos los presidentes electos —desde Patricio Aylwin, pasando por Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, Sebastián Piñera y Gabriel Boric— han debido cumplir con este período de espera antes de llegar a La Moneda.
Nicolás Larraín y su crítica a la “larga espera”
Quien no ocultó su incomodidad con este sistema fue Nicolás Larraín, que en conversación con Radio El Conquistador expresó su molestia por el tiempo que debe pasar antes del traspaso de mando.
“Es muy desmotivador”
Con una comparación directa, el comunicador lanzó:
“¿Te tan echado de una pega y te dicen que tienes que trabajar 30 días más?”.
Luego, apuntó al origen histórico del calendario presidencial:
“Que recién asuma el 11 de marzo, una costumbre republicana que quedó de Pinochet, y hemos seguido así. En Francia o España a las dos semanas, topón para afuera”.
Dudas sobre el rol del gobierno saliente
Larraín también cuestionó el incentivo que existe para el Ejecutivo que deja el poder durante este extenso período.
“Si la persona sabe que se irá, la idea es que no ande arrastrando las patas, que no reme para atrás, si sabes que te echaron, es muy desmotivador”, afirmó.
Finalmente, dejó abierta la interrogante sobre la efectividad de esos meses de transición:
“En estos tres meses ¿Van a trabajar algo? ¿Van a proponer una idea nueva? Hay que arreglar eso”.
Así, la discusión sobre el calendario presidencial vuelve a instalarse en el debate público, justo cuando un nuevo gobierno se prepara para asumir el mando del país.